El titanio, la solución que hizo posible el Guggenheim Bilbao

Staff on 27 octubre, 2017

El Museo Guggenheim Bilbao, que celebra su vigésimo aniversario este mes, ha sido aclamado como el pináculo del progreso tecnológico desde su apertura en octubre de 1997. Si bien el uso del software de modelado CATIA (aplicación interactiva tridimensional asistida por computadora) fue sin duda innovador, algunos de los mejores momentos de ingenio durante el diseño y la construcción del edificio fueron distintivamente de baja tecnología.

Desarrollado entre 1991 y 1997, el edificio curvo y angular revestido de titanio fue concebido en el punto de inflexión entre la práctica analógica y digital. Este cambio profundo envolvió e impregnó todos los aspectos del proyecto, desde el proceso de diseño y las técnicas de construcción hasta los métodos de tecnología de comunicación puestos en práctica.

En muchos casos, la complejidad del edificio se comunicaba mejor a través de modelos físicos, por lo que circulaban fotos anotadas de detalles del modelo hechos a mano para garantizar que todos estuvieran en la misma página.

Otra información del proyecto fue transmitida a través de todos los métodos disponibles: durante el transcurso del proyecto, por ofrecer datos objetivos a modo de ejemplo, se transmitieron más de 16,000 faxes.

El equipo principal del proyecto estaba formado por personal de Nueva York, Los Ángeles y Bilbao, respectivamente, de la Fundación Solomon R. Guggenheim, el arquitecto Frank O. Gehry and Associates (ahora GehryPartners), un equipo del arquitecto ejecutivo IDOM y la entidad legal creada por el Gobierno Vasco: Consorcio Guggenheim Bilbao.

titanio

Todos estos, además de los ingenieros estructurales SOM en Chicago, los ingenieros mecánicos Cosentini en Nueva York y un sinnúmero de contratistas, constituían una oficina 24 horas en ciudades de todo el mundo.

De los miles de fax enviados, 6.000 se dedicaron exclusivamente a la correspondencia sobre la fachada del edificio. Frank O. Gehry y Asociados habían trabajado anteriormente con fachadas de metal, pero se sintieron frustrados luego de revisar una serie de maquetas en Bilbao.

Experimentando con el desgaste y pulido del metal, los arquitectos sintieron que el acero era demasiado reflectante en el sol y demasiado aburrido en los días grises y lluviosos de Bilbao. Por casualidad, una pieza de titanio en la pila de muestras de material de la empresa llamó la atención del equipo.

Los beneficios intrínsecos del titanio varían desde su resistencia hasta su resistencia: el metal no se oxida. Estas cualidades del material fueron conocidas y explotadas a medida que se elaboraron los detalles de construcción del edificio, y contribuyeron en gran medida a la finalización del proyecto en 1997.

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